Ibagué: su fundación es consecuencia de la necesidad de someter a los naturales ubicados en el “Valle de las Lanzas”, entre las poblaciones de Tocaima y Cartago, en el intermedio del Nuevo Reino y la Gobernación de Popayán. Naturales, señalados de combativos, guerreros, que impedían el paso, por un breve camino que comunicaba a Ibagué con Cartago, lo que obligaba el tránsito de viajeros y el comercio de estas dos gobernaciones, por un camino dilatado, hosco y escabroso, que pasaba por Neiva y Timaná, atravesando el largo, frio y despoblado páramo de Guanacas, lugar donde se emparamaban y morían muchas personas y caballerías. Camino de largo recorrido, inclemencias y fragosidades, que duplicaba el tiempo y costos a los viandantes que lo recorrían. Para remediar estos inconvenientes, emprendieron la ocupación y sometimiento de los indígenas ubicados en las proximidades del camino entre Cartago e Ibagué. Además, de poder verificar los informes de la existencia de minas de oro y plata.

Galarza, partió de Tocaima en compañía de 93 milicias españolas, cuarenta de a caballo y los demás de infantería, y llevó como capellán, a Francisco González Candis, con quienes vadeo el río Magdalena en el sitio denominado “la canoa de Montero”. En su itinerario llegaron a Metaima, donde fueron recibidos por los caciques Ilobone y Otaque, quienes en gesto de amistad les recibieron y les brindaron frutos de la tierra (maíz, papas, batatas, raíces de apios, guayabas, aguacates), los alojaron a sus propias viviendas, que eran unos bohíos, denominados por ibéricos caneyes. Casuchas de vara en tierra, de sesenta, ochenta, y cien pasos de largo, techados con palmicha, o de hojas de bihaos, y paja, que abundaban en el lugar.

 

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Después de su estadía en Metaima, tomó guías y lo necesario, y partió con su gente con rumbo a un pueblo de indios enemigos de los de Metaima. En el camino cruzaron el río de Tolima, que baja de la Sierra Nevada, en los confines de Cartago, donde nacen sus aguas derivadas de la nieve, y la que citaban Tolima, que en lengua nativa significaba nieve.

A un día marcha llegan a la confluencia de dos ríos, el uno que baja del valle de Anaima, y el otro el valle de Matagaima, ríos que forman una meseta, de aproximadamente media legua de área, en la cual habitaba el cacique Embiteme con sus guerreros, que armados, esperaban la llegada españoles en un paso único para translación hacia la meseta con cabalgaduras y soldados, pues no había otro que fuese acomodado para poder por ella subir los caballos a la población.

El valle de Matagaima (hoy Cajamarca), y Anaima (hoy Anaime) desplegaba dos leguas y media de área, toda poblada, el resto de la comarca fragosa y muy quebrada, y hacia arriba las montañas quebradas y provistas de espesa selva. El valle de Anaima (Anaime), lo calcularon de cuatro leguas de largo, y todo él estaba poblado.

Galarza incursiona y somete a los naturales de la provincia de Toche.

El cacique llamado Bombo, le informó a Galarza que en la otra ladera de la cordillera había un camino, por el cual se podría pasar hacia Cartago, pasando el remate de la cordillera que separa río Magdalena y el río de Cauca. Los indos le dijeron que, pasando esta cordillera, a la otra vertiente, residían muchos de naturales. Para verificar la información, Galarza envió algunos soldados a lo alto de la sierra para que observaran y verificaran la existencia de las poblaciones que los indios decían.

 

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En1550, después de fundar a Ibagué, Galarza marchó con parte de sus soldados en misión del descubrimiento de la provincia de Toche; y llegado a ella descansó algunos días con su gente, puesto que halló abundancia de comida, de la que los naturales tenían.

En el tiempo que Galarza estuvo en esta provincia, envió dos soldados a una sierra, para que desde allí echaran un vistazo lo que había adelante. Envió Galarza solo dos soldados porque tenía la sierra tan cerca de sí, que le parecía podrían ser fácilmente socorridos y auxiliados si eran atacados por los indígenas.

Los soldados poseídos por la codicia, olvidaron el riesgo y peligro en que iban, y sin el resguardo y cuidado necesarios, se desviaron del camino y destino que Galarza les había indicado, y se fueron a unos caneyes de indígenas ubicados en el valle de Toche, antes de llegar a la sierra, a robar el oro que los indios tenían; pero fueron sorprendidos por los nativos antes que su codicia y desordenado deseo hubiese sido efectivo, quienes le dieron muerte, y les desollaron el rostro, lo que acostumbraban hacer con los enemigos que matan, para usarlos como máscaras en sus bailes y borracheras.

Galarza esperaba el regreso de los soldados, pero al pasar el tiempo, y visto que no regresaban, sospechoso de algún mal suceso, y para verificar la causa de su tardanza envió un oficial con algunos soldados, porque si acaso los indios hubieran dado muerte.

Llegaron a la sierra, y no encontraron rastro alguno de los soldados, emprendieron el regreso por los bohíos de los indígenas, quienes les salieron, queriendo hacer con ellos lo que habían hecho en sus compañeros, y aunque los bárbaros eran muchos, con mucha facilidad fueron reducidos en combate por los españoles, y al llegar a una plazoleta rodeada por bohíos de los indígenas, en la cual hallaron los cuerpos de los dos soldados, con innumerable cantidad de flechas que les habían tirado, teniéndolos puestos como blanco, y con los rostros desollados. Visto por el caudillo y soldados este tan triste espectáculo, tomaron los cuerpos y los enterraron en una loma cercana, y se devolvieron a dar noticia de lo sucedido a Galarza, quien, ante los sucesos, determinó volver con su gente a Ibagué, para proveerse de más municiones y soldados, y volver a la provincia de Toche a castigar a sus moradores por el atrevimiento y daño que habían hecho. A su regreso fue recibido por los indígenas armados y en pie de guerra, información proveída por los espías que Galarza habían enviado. Galarza, vista la determinación de los indios, por medio de sus intérpretes, les persuadió y pidió que dejaran las armas y recibieran la paz, que él les prometía, y daba su palabra de no hacerles mal ni daño ni consentir que de otros se les hiciese, porque no quería sino su amistad, olvidando la muerte de sus soldados, que bien entendía que pues ellos les habían muerto les habrían dado alguna ocasión para ello.

Los indios, no creyeron lo que Galarza les decía ni queriendo la paz, que les ofrecía, emboscaron a los españoles y atacaron por todas partes. Galarza, en vista que no admitieron la paz y clemencia con que les ofrecía, arremetió contra ellos con su gente y con sus caballos, y los derrotaron, matando a más de cuatrocientos indígenas.

Después de esta masacre, Galarza con su gente paso a otra provincia llamada Tocina, que está junto al nevado, y la pacificó, y regresó Ibagué, sin haber recibido daño alguno, y repartió y encomendó los indios de la tierra a toda su gente, a cada uno según sus méritos. [1]

[1] Recopilación historial; escrita en el siglo XVI por Pedro de Aguado. y publicada por primera vez. 190Ó BOGOTÁ — COLOMBIA — IMPRENTA NACIONAL - BIBLIOTECA DE HISTORIA NACIONAL

Por: Álvaro Hernando Camargo
Tomado de: https://www.elquindiano.com/noticia/27789/el-camino-del-quindio-y-su-relacion-con-ibague-y-toche

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