Al sur del Quindío, en el corazón de la cordillera, enclavado en un paraíso de montaña y cafetal se encuentra Génova. Está ubicado a 54 kilómetros de Armenia, toma una hora y 20 minutos llegar allí en vehículo particular, partiendo de la capital quindiana.

Desde el emblemático Barragán, cruce de caminos entre Calarcá, Pijao y Caicedonia, por un camino rodeado de hermosa vegetación y sobrecogedores paisajes, se viaja hacia este municipio, mientras se ora el Padre Nuestro. Es difícil mantener la mirada en el centro de la vía, porque a lado y lado se derrama tanta belleza, que es imposible abstenerse de mirarla: la inmensidad tendida sobre montañas azules, cultivos inmaculados, casas campesinas que exhalan humo de leña y olor a café recién tostado, pintorescas fachadas y patios en los que se seca el mágico fruto a cielo abierto, caminos para cabalgar mil aventuras y cascadas imponentes que invitan a suspender el viaje para bañarse en ellas.

Foto de: Jorge - www.municipios.com.co

La ruta que conduce hacia Génova es en sí misma un regalo para los sentidos, sin embargo, muy cerca del destino, nuevos lugares atrapan el alma: una casa construida sobre dos árboles, donde debe ser increíble permanecer, para recibir el amanecer entre ramas, aromas y gorjeos. 

Un abrazo de cordillera da la bienvenida a un espacio pintoresco, vital, exultante de alegría, que en la plaza principal deja escuchar el rumor de mil historias que se tejen entre tazas de café, botellas de cerveza y camaradería.

Los campesinos, venidos de todos los rincones verdes y azules de la reserva hídrica del Quindío, bajan al pueblo el día de mercado —sábado—, para dejar su cansancio y reinventar la alegría, para compartir, en un entorno donde el tiempo se ha detenido, pues las calles se visten con la tradición de los ancestros.

La preciosa y cuidada arquitectura, guarda en sus puertas y ventanales de muchos colores, toda la valentía de los pueblos fundadores y la Iglesia —el más bello templo católico de la región—, tiene fundidas en sus puertas no solo las imágenes de Jesús y de María, sino también todo el pasado del hermano pueblo italiano de Génova. La cúpula inmensa y cautivante, rebosa de golondrinas que se encuentran en un concierto eterno y San Isidro Labrador —con su propia identidad cafetera—, reina junto a otras imágenes dentro del epicentro de fe. 

La plaza, que rinde tributo a la cultura cafetera, es un alboroto de risas infantiles y emoción adolescente. ¡Todo el pueblo cabe en ella, porque es inmensa en posibilidades!

A un lado, una bella tarima permite presentar toda clase de espectáculos, que pueden apreciarse en días festivos. La oferta gastronómica es exquisita y variada, así como el café que puede disfrutarse en diversos lugares. Deben destacarse espacios como la biblioteca municipal y la casa de la cultura, perfectos para los amantes de la buena lectura y el arte.

El Salto de las Brisas, la laguna del Muñeco y la laguna de Juntas, son lugares majestuosos que con suficiente tiempo y  buena condición física pueden visitarse para apreciar un derroche de hermosura natural y respirar el aire más puro. 

Tomado de: https://www.cronicadelquindio.com/opinion/opinion/bello-rincon-quindiano

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